filtro de sedimentos: tabla completa de mallas y micras

Guía práctica para entender la equivalencia entre mallas y micras en filtros de sedimentos para riego agrícola, con recomendaciones de uso para proteger tus emisores y optimizar el rendimiento de tu sistema.

Puntos Clave

  • La relación entre mallas por pulgada y micras define la capacidad de retención de partículas de tu filtro, siendo el factor más importante para evitar obstrucciones en emisores de riego.
  • La elección correcta de nivel de filtración reduce las pérdidas de presión en el sistema y alarga la vida útil de todos los componentes de riego.
  • Los filtros de LZHS, con 14 años de experiencia en fabricación y exportación a más de 60 países, se adaptan a todo tipo de fuentes de agua: pozo, río, estanque o embalse.

¿Qué relación existe entre mallas y micras en un filtro de sedimentos?

Muchos usuarios de sistemas de riego confunden estas dos unidades de medida, por lo que es importante aclarar su diferencia: la malla hace referencia a la cantidad de orificios por pulgada lineal de la superficie filtrante, mientras que la micra (equivalente a una milésima de milímetro) mide el tamaño máximo de partícula que puede retener el filtro. A mayor cantidad de mallas por pulgada, menor es el tamaño de orificio y mayor capacidad de retención de partículas finas.

Esta relación no es lineal, por lo que es muy útil contar con una guía de equivalencias fiable para no cometer errores a la hora de seleccionar tu filtro de sedimentos. Una elección incorrecta puede generar obstrucciones masivas en goteros o aspersores, o por el contrario, generar pérdidas de presión excesivas que reduzcan la eficiencia de todo el sistema de riego.

Equivalencias prácticas para aplicaciones de riego agrícola

Para usos agrícolas, las equivalencias más utilizadas son las siguientes: 20 mallas equivalen a 850 micras, 40 mallas a 420 micras, 50 mallas a 300 micras, 80 mallas a 180 micras, 100 mallas a 150 micras, 120 mallas a 120 micras, 150 mallas a 100 micras, 200 mallas a 75 micras y 300 mallas a 50 micras. Estos valores se ajustan a los estándares internacionales de fabricación de superficies filtrantes para riego.

Para usos muy específicos, como riego por goteo de precisión en cultivos hortícolas en invernadero, se suelen usar filtros de hasta 200 mallas, mientras que para prefiltrados de agua con mucha carga de arena se usan filtros de 20 a 50 mallas como primera etapa de tratamiento.

Cómo elegir el nivel de filtración adecuado según tu fuente de agua

Si tu fuente de agua es un pozo subterráneo con alta presencia de arena, empieza por un hidrociclón separador de arena que elimine más del 90% de las partículas gruesas sin necesidad de superficies filtrantes, para después pasar a un filtro de malla de 100 a 120 mallas para retener los restos de partículas finas. Para esta etapa de filtrado, el Filtro de malla tipo T de 3 pulgadas HJLYGL es una opción muy eficiente para instalaciones de caudal medio.

Si tu fuente de agua es un río, embalse o estanque con presencia de partículas orgánicas, algas o residuos de materia vegetal, te recomendamos usar filtros de malla de 150 a 200 mallas, o filtros de discos que retienen partículas irregulares de forma más eficaz que las mallas planas. Para sistemas de riego por aspersión, con orificios de mayor tamaño en los emisores, puedes usar filtros de 80 a 100 mallas sin problemas de obstrucción.

Ventajas de combinar diferentes tipos de filtros de sedimentos

Las instalaciones de riego de gran extensión nunca usan un solo tipo de filtro, ya que combinar etapas de filtrado reduce los costes de mantenimiento y mejora la eficiencia general. Una configuración muy habitual es: primera etapa con hidrociclón para eliminar arena gruesa, segunda etapa con filtro de arena para retener partículas orgánicas finas, tercera etapa con filtro de discos o malla para la protección final de emisores.

Para evitar tareas de limpieza manual constantes, puedes incorporar el Sistema de filtro de discos de retrolavado automático tipo H HJLYGL, que activa el proceso de retrolavado de forma automática cuando detecta un aumento de la diferencia de presión entre la entrada y la salida del filtro, sin necesidad de intervención del personal de campo. Esto es especialmente útil para instalaciones en zonas de difícil acceso o con jornadas de riego continuas.

Mantenimiento y retrolavado para conservar la eficiencia de filtración

Recuerda que un filtro de sedimentos sucio genera pérdidas de presión mayores a las recomendadas, por lo que debes medir la diferencia de presión de forma periódica. El valor ideal de diferencia de presión para activar el retrolavado se sitúa entre 0,3 y 0,5 bares, para no malgastar agua en procesos de limpieza innecesarios, pero sin dejar que el filtro se colapse por completo.

Si quieres conocer todas las opciones de filtros para tu sistema, desde filtros tipo Y hasta filtros de arena de gran capacidad, puedes consultar el catálogo completo de filtros para riego de LZHS, donde encontrarás soluciones adaptadas a cualquier tamaño de instalación y tipo de cultivo.

Preguntas frecuentes

¿Qué nivel de micras necesito para proteger mis emisores de goteo?

La mayoría de emisores de goteo comerciales cuentan con orificios de entre 0,5 y 1 mm de diámetro, por lo que un filtro de 120 mallas (120 micras) es suficiente para evitar su obstrucción. Si usas emisores de caudal muy bajo para cultivos de precisión, puedes optar por filtros de 150 o 200 mallas para una protección extra.

¿Cada cuánto debo realizar el retrolavado de mi filtro de sedimentos?

No existe un plazo fijo, ya que depende completamente de la carga de sedimentos de tu fuente de agua. Si usas retrolavado manual, activa el proceso siempre que la diferencia de presión supere los 0,5 bares. Si usas un sistema automático, puedes programar ciclos de retrolavado de 30 a 60 segundos, con intervalos de activación ajustados a la calidad del agua de tu zona.

¿Puedo usar el mismo filtro para agua de pozo y para agua de río?

No es recomendable, ya que el agua de pozo tiene una carga muy alta de partículas de arena mineral, mientras que el agua de río cuenta con partículas orgánicas y algas que requieren sistemas de filtrado diferentes. Lo más recomendable es adaptar la configuración de etapas de filtrado a las características específicas de tu fuente de agua para obtener el mejor rendimiento posible.